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viernes, 22 de febrero de 2008

60 millas por hora





Dudaba entre varios, serían unos seís, los pasé todos por la máquina de “reproducir un minuto cada canción del cd a ver si te convence el disco", (por entonces aquellos países eran muy avanzados) uno de ellos recuerdo era el de Razorlight, pero no lo compré, me decanté por otro, que realmente elegí por su foto, una chica en vaqueros salpicados de pintura blanca y camiseta vieja llena de minusculos agujeros, que te apuntaba pasota con su chachi cámara de video. Mientras ella se mantenía en blanco y negro, le atravesaba horizonatalmente una línea roja que rompía todos los esquema de lo que pudisese ser una foto cool más. Era de un grupo que se llamaba New Order. Sólo escuché uno de los minutos de una de las canciones, y me lo llevé. Fue en uno de esos viajes a Londres, en los que como en el resto de viajes a capitales importantes, dirigí apuntando a golpe de pistola a mis amables progenitores hasta el Virgin en este caso de Picadilly Circus.

Hace dos días, entré en google buscando imágenes de Chiara Mastroianni y Benjamín Biolay, y no entiendo a son de que, en la pagina cinco aparece la portada de mi disco. Y cuando escribes,Chiara Mastroianni y Benjamín Biolay, Home (el titulo de su retoño musical) en la pagina seis…te aparece además de la portada del disco de New Order, una imagen de Christina Rosenvinge y Nacho Vegas. Todo guarda relación, todo tiene un punto de inflexión, un vinculo entre ellos que nadie jamás apreciará, algo que se pasa por alto, por su absoluto desinterés en el panorama mundial, y sólo yo sé: una de las páginas seís de google y mi destartalada pila de discos.

La vida no es más que un mero desorden de casualidades, que si no llegasen a entrecruzarse unas con otras, para empezar no serian casualidades y para seguir, no seria nuestra vida.
A veces esas casualidades como que se acentúan, se elevan en potencia para decirnos algo, que muchas veces no es más que nada, pero otras tantas significan todo, o al menos alguna cosa.
Conclusiones sacadas de experiencias olvidadas, que hoy al menos he conseguido recordar de repente, solo una, de mil casualidades, pero la puedo plasmar aunque realmente no signifique absolutamente nada.

martes, 19 de febrero de 2008

Chiara y Benjamin



CHIARA Y BENJAMIN



Un día lo que fue perfecto es tedioso, lo que fue desgarrador se convierte en detestable.
Tal que cambia la vida cambia el aire, del que ya no sabes respirar, cambia un acto y un sin fin de restos especiales que no haces mas que ahora aborrecer, detestar, vomitar.
Lo que hoy es puro mañana está podrido. Eso dicen.


Mátame si ya no te soy de utilidad, si ya no disfrutas y ves que lo bueno ya no lo puedes encontrar. Mátame sin más, si soy un incordio, de verdad, mátame y ya está, sin necesidad de que yo tenga que pasar por la indiferencia, siempre perdida de tiempo del aborrecible momento en que todo terminó, culpa de la suave pendiente que recorre la rutina que hay entre un hola ilusionado y un furtivo adiós eterno.

lunes, 28 de enero de 2008

BANG BANG BANG BANG



Hoy me apetece disparar.


Pero no sé muy bien por quien empezar.


Tengo la lista hecha ya, preparada para ir tachando a cada uno de los que me tengo que cargar por haberme dejado subir tan alto que ahora al decidir bajar me la he pegado tan fuerte que me he roto una pierna y quizás algo más.


Dicen que a veces es bueno volver a la realidad, no se yo si es tan bueno, yo paso de volverlo a probar.



Yo quería la de JADE!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡Me cachis en la mar!


http://www.hm.com/es/#faa


Mi hija se va a llamar Jade…paso de tener tantos hijos como nombres tengo para ellos en la cabeza, le pongo a uno 8 nombres, de hombre y de mujer, sea lo que sea, y que le den.

Me contento con un buldog francés, siempre francés, llamado Ernest Oliver Stromboli, todo tiene sentido aunque ya no lo recuerde bien.







¡Bien!


All I wanna do is (BANG BANG BANG BANG!)
And (KKKAAAA CHING!)
And take your money

domingo, 16 de diciembre de 2007

Le IXème arrondissement




Aparqué frente a su casa. Pensé estar camuflada por la sucia superficie de mi Clío negro. Esperé. Las horas me parecieron días, días interminables. Cada poco tiempo alguna persona aparecía tras el portal macizo, entonces, en cada uno de esos momentos, mi corazón daba un vuelco.

A veces recostaba el asiento e intentaba descansar ya que creía que no aguantaría más, pero a los pocos segundos me arrepentía por la posibilidad de poder caer dormida, me imponía a la fatiga, abría los ojos como platos y me recolocaba recta, con la mirada de nuevo fija en la puerta por la que él debía salir.

Se hizo la noche, y de nuevo el día y yo seguía sin dormir, y él seguía sin aparecer. A cada minuto todo se hacia mas insoportable.

A las 7 de la mañana, cuando ya llevaba 36 horas despierta, él salió. Aun no comprendo como no desvanecí en ese mismo momento, sino por el cansancio, por el tormento que me suponía mi misión. El corazón que tantos vuelcos había sufrido aquel día, permaneció inalterable como si hubiese dejado de latir. Jamás me había encontrado con el pulso tan acelerado y el corazón tan quieto, pensé estar muerta. Ese ridículo pensamiento que si hubiese sido cierto me habría salvado de mis siguientes actos, se me pasó por la cabeza en varias ocasiones. Durante esos eternos segundos, estaba demasiado débil, especulaba estupideces. Un sudor frío recorrió todo mi cuerpo.

Tras haber puesto los dos pies en la calle, él se paro, mirando a uno y otro lado, indeciso. Y ahí estaba, de pie, apenas a unos metros de mi, como tantas veces había soñado y deseado, con su pelo oscuro y rizado y su gabardina negra a lo Alex Kapranos. Tan moderno, tan guapo, no sabría explicar esa esencia tan atractiva que encontraba en él, quizás era su virilidad, una virilidad sofisticada. Yo sabia de donde venia y lo que venia de hacer, sabia que me dolía, y que no lo podía soportar, y por eso estaba allí. Cuando me di cuenta ya había doblado la esquina. Arranqué el coche, y seguí sus pasos de lejos. Caminaba de modo rápido y desconfiado con las manos en los bolsillos de la gabardina, había incorporado a su vestimenta una gorra o más bien una boina de tweed, y en su mano sostenía un recién encendido cigarrillo. Cuanto más sentía que le deseaba más me odiaba por ello, pero sobretodo mas le odiaba a él.

Se paró, y se subió en una vespa roja, como aquella por la que yo sollozaba en mi adolescencia. Él y la vespa salieron por un vado de la acera. Pensé que le perdería entre el tráfico, pero al llegar a la ancha calle que daba a la Ópera de Paris pude comprobar que no, y que además no había ni un solo auto, era domingo me recordé entonces. Ya era mi cumpleaños y ni me había acordado.

Sorteó las galerías Printemps y llegó a Boulevard Malsherbes, allí torció en una de las estrechas y perdidas calles y pude ver mi oportunidad. Me arriesgué a alcanzarle por otra callejuela, girando y metiéndome por dirección contraria.
Y efectivamente, en el cruce que había calculado, colisioné contra él.
Salió por los aires. Nadie lo vio. Ni siquiera yo, que cerré con fuerza los ojos al prever el impacto. Dudé. Dudé otra vez. Volví a dudar. Pero le amaba. Salí del coche y me abalancé sobre él.

Estaba muerto, ante mis ojos, su perfecto cuerpo tirado en el asfalto, encharcado sobre el agua que los camiones de basura despiden cada mañana, ensombrecida por el color de su sangre. La que pensaba llevaba en mis entrañas.

Le abracé, fuerte, quería arrancarle un soplo que ya no existía, quería matarle otra vez, matarle tan fuerte y que así de este modo, me matase él a mi también. Así fue como descubrí que aún respiraba, gimió de espantó, tan solo fue un acto reflejo, pero determinó mi vida para siempre. Respiró por pura venganza, lo sé.

Desde entonces hasta hoy cuido de él, de sus ojos vacíos, su cuerpo sin alma, solo sabe hablar, atormentarme y el resto soy yo, sus piernas soy yo, sus pies soy yo.Hoy ya queda poco, respiraré hondo como él no supo hacer, y lo haré bien, ya no le necesito, y sin embargo él a mi sí, la partida termina al revés de cómo empezó.
Esta vez sí, una nueva vida saldrá de mi, alguien que seguirá siendo por siempre él.
CH.





Por casualidad se inspiraron en mi, quizás.