lunes, 10 de marzo de 2008

L' éternel epouse



Constipada como estaba, no podía permitirse en tales circunstancias atravesar la calle para saludarle. Él, encuclillado, para variar, descifrando el código del candado de su bici frente al supermercado. Decidió seguir dirigiéndose hacia la puesta de sol de aquel maravilloso día de verano en los Hamptons, que correspondía con el lugar donde había mal aparcado. Ya en su Maserati Spider rojo, reciente gesto de apreciación de su infiel pero fantástico esposo, se dedicó a reflexionar sobre sus actos de los últimos meses:

Acostarse con el profesor de tenis de los hijos de sus amigas ciertamente no le parecía algo moralmente sano, pero el chico era mayor de edad, pasado el verano cumpliría incluso los 22 ¿qué tenía de malo todo aquello? Cayó entonces en la cuenta de que no solo se debatía en lo políticamente incorrecto del acto sino en que estaba felizmente casada con el hombre de sus sueños y eso quizás sobrepasaba los límites. Pero cuantas de tantas otras le habrían contado alguna vez sus infidelidades mal o bien terminadas, y cuantas de tantos otros, le habrían insinuado de manera poco sutil, los deslices de su perfecto marido con las jovenes y exultantes secretarias de las empresas contrincantes a las de su cónyuge.

Frente al resto de crueldades y salvajadas que se han sucedido a lo largo de la historia, guerras, asesinatos, hurtos…su pequeño mal no hacia realmente daño, pensó, sino todo lo contrario, con tal de que nadie se enterase de lo que ella y Philip sabían que sucedía nada se estaba física y verdaderamente cumpliendo.

Temía que Jamie Taylor, el hijo mediano de los Taylor, pudiese no haber entendido la explicación que le dieron cuando les pilló en los vestuarios de la piscina del polideportivo, no sabía hasta que punto un niño de ocho años calibraba la realidad, o en términos más coloquiales y exactos, si el crío era un listillo que se había enterado de todo. Todos los caprichos y la sana vida que le daba Richard se desvaneceria entonces.

Paso le por la mente las tantas veces que Lohan Taylor, el padre de familia, había podido tirarle los trastos, y retrocedió en el tiempo hasta aquel funeral celebrado en la mansión de los Bolton dónde todo el vecindario y además medio Manhattan, se concentró obligado a dar el pésame a los Bolton por la muerte de la bisabuela de él, la mujer mas longeva de todos los Estados Unidos. Hasta salió en el programa de Oprah Winfrey por se la mujer mas anciana y millonaria del mundo a la vez, todo un record. Mientras la recién casada Verónica Bolton despotricaba copa en mano a cualquiera sobre que el verdadero record de la abuelita era ser la zorra mas grande de USA, Lohan a base de champaña e intentos fallidos de suaves flirteos sin respuesta, se atrevió a tirarse sobre Violet, nuestra protagonista, y confesarle su amor en versos literalmente escupidos ante los expectantes vecinos, y por supuesto su esposa, la apodada “Gran Dama de Millwakee”, primero porque fue elegida Miss Millwakee 82, segundo por su ligero, irónicamente hablando, tamaño, y por último, porque es bien sabido que en Millwakee todo lo que las mujeres tienen de cabeza se les implanta en el pecho. La pobre mujer tras que Violet le diese un empujón al baboso Mister Taylor no supo reaccionar de otra manera que agarrando a su hombre de la parte de atrás del cuello de la camisa y arrastrarlo hasta su fastuoso todo terreno de nuevo rico, color camaleónico con sutiles tonos satinados en dorado y plateado. Nunca más se volvió a hablar del tema, al menos en círculos abiertos. Pronto se dio cuenta de que Jamie, si con suerte llevaba algo de alguno de sus progenitores en los genes, no se habría enterado efectivamente de nada.

Después de todo ya no se sentía tan mal, aunque ahora se viese atraída por el nuevo ayudante de fontanero. Echando a un lado su conciencia marital, entro en juego otra ética moral en sus pensamientos a la que no supo clasificar y que venia de esta concretisima cuestión: ¿Se estaría convirtiendo en una furcia con la edad? Nunca se atrevería a dejar a Philip por éste. Pero la nueva aparición, llamada Roberto y recién llegada de Puerto Rico tenía solo 19 años, mucho mas interesante que un español de 22. Detuvo su deportivo ante la puerta de su garaje, y observó que estaba el Volvo de su marido. Por el camino planeó que decirle de su temprana llegada y su nueva y reciente partida. Pensaba llamar a Felipe, ya llevaba dos días constipada por el maldito aire acondicionado del Cromer's Country Market y se habia reprimido de avisarle. No sabia para que pisaba el supermercado si ni siquiera tenia hijos que alimentar, más de una vez le había propuesto a Brandon comer todos los días fuera, ¿para que ir al supermercado y esforzarse en preparar la comida? Tras todas estas reflexiones ya había llegado al salón, ojiplática dió media vuelta apenas sin respiración y llamó al patrón de Roberto.- Hola, ¿Reinaldo?, os dejasteis aquí una llave, podrías decirle a Roberto que se pase a recogerla cuando pueda.- a lo que Reinaldo echo un grito en un rápido mexicano algo alejado del telefono, y de nuevo apaciguado le contestó: - Sí, Señora Milton, ahora mismo va para allá en su bisicleta-. Tras colgar el teléfono volvió al salón y crecida en sus tacones dijo: -Tranquilos chicos podéis seguir pasándolo bien, yo me voy a pasármelo mejor.- y se sentó en su Maserati Spider rojo a esperar a Roberto, olvidando para siempre todos sus remordimientos.

Definitivamente, ya no era una furcia.